Con las manos en los bolsillos

Hacía semanas que la televisión, la prensa y la radio no dejaban de emitir anuncios sobre el gran día. Hacía tiempo que, a causa de los recortes, no había muchas novedades en la ciudad. Hacía tiempo, desde la última goleada, que no existía en el ambiente una ilusión colectiva como la de aquel día.

La inauguración de un gran centro de ocio y comercial publicitado como lo nunca imaginado.

Ella asistió con sus mejores galas. La ocasión lo requería y pensó que lo merecía. Paseó por sus calles llenas de aparadores, buscó entre las estanterías llenas de artículos, hizo cola en los probadores llenos de gente… y regresó a casa con las manos en los bolsillos. Se acercó a la nevera y volvió a enganchar la lista de la compra de sueños imposibles para una ocasión mejor.

No hay final donde volver ni inicio donde llegar. No hay meta donde iniciar ni salida donde finalizar. No hay camino donde regresar ni senda donde soñar. No hay esquina donde esconderse ni rincón donde mostrarse. No hay desierto donde aterrizar ni pozo donde morir. No hay poesía donde arrimarte ni teatro donde besarte. No hay nación donde ser apátrida ni isla donde perderse. No hay frontera donde vivir ni paraíso donde exiliarse. No hay religión donde apostatar ni fe donde huir. No hay princesas donde abdicar ni sapos donde besar. No hay hombro donde llorar ni cintura donde meterse. No hay harina donde amasar ni costal donde guardar. No hay banco donde ahorrar ni promesas donde creer. No hay silencios donde escuchar ni gritos donde rezar.

No hay finales irrenunciables ni principios felices. No hay derechos inhumanos ni recursos ilimitados. No hay política económica ni realidad virtual. No hay bombas inteligentes ni ejércitos de salvación.

No hay Gaza sin franja. No hay Amazonas sin selva. No hay cortina sin humo. No hay gato sin botas. No hay lunes sin sol. No hay tumba sin Colliure. No hay fosa sin Granada. No hay nanas sin cebolla. No hay cartero sin Neruda. No hay Libertad sin ira. No hay donde llegar sin fin de mes. No hay colonizadores sin indígenas. No hay futuro sin escuelas. No hay pasado sin memoria. No hay presente sin hospitales. No hay dieta sin sal. No hay penas sin pan.

No hay Pinochos para tanta mentira. No hay Blancanieves para tanta manzana podrida. No hay flautistas para tanta rata. No hay Alí Babá para tanto ladrón. No hay hormigas para tanta cigarra. No hay lechera para tanto cuento. No hay retales para tanto bolsillo roto.

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