Ropa de color

Dos monedas, ¿dónde están las llaves? Ella abre el diario para buscar el número que marcar en el móvil a la vez que registra su bolso para encontrar las llaves que le abran las puertas del futuro mientras se peina y recoge de una volada todos los enseres necesarios para sobrevivir.

Ella tiene pocas comas, casi ningún punto y aparte, contados suspensivos… poca paciencia para esperar; pocos poetas para rimar; pocas lágrimas para recordar; pocos besos robados para huir; pocas horas al día para acabar; pocos veranos para enfadarse tanto; pocos boleros para bailar agarrao; pocos desamores para dejarlo correr; poco Serrat para asabinarse.

Ella tiene poca sabiduría para saber que tiene demasiados mensajes sin respuesta en la bandeja de entrada; demasiadas prisas para llegar siempre tarde; demasiadas amistades en el Facebook para tuitear; demasiadas sinrazones para razonar; demasiados miedos para volar a ras de suelo; demasiadas preguntas para tan pocas respuestas; demasiada cobertura para desconectar; demasiadas dudas para equivocarse; demasiadas puertas para tanto peaje; demasiada primera persona del singular para tanta conjugación; demasiado centro del mundo para tan poca galaxia; demasiada ropa para tan poco armario.

Ella tiene toda la vida por delante, pero aún no sabe de qué color son los príncipes azules; aún no sabe que, sean del color que sean, siempre destiñen.

Ella cierra el diario, se levanta, recoge la ropa y al mirarse al espejo descubre que sólo son diecisiete.

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