Rebajas

Dos monedas, una hora (y media de regalo). Ella abre el diario y ve acercarse por la vuelta de la esquina el final de mes. Los excedentes esperan en las estanterías. Los excesos se amontonan sin orden. Los sobrantes se ofrecen en los aparadores. Todo a punto para conocer el precio exacto de nuestra felicidad.

Las rebajas nos recuerdan que el tiempo no es gratis. Nunca las manecillas del reloj señalan de forma tan precisa que lo que pudo haber sido y no fue siempre esconde una segunda oportunidad. Cambio de temporada a bajo coste. Deseos a cero noventa y nueve. Remate final hasta agotar al personal.

Ella sale de rebajas a encontrar la oferta que le devuelva la sonrisa y encuentra grandes oportunidades para ser el primero de la clase, para llegar a segundo de abordo, para eliminar al tercero en discordia, para tener el cuarto poder, para descubrir el quinto elemento, para sentir el sexto sentido, para llegar al séptimo cielo, para viajar con el octavo pasajero, para componer la novena sinfonía, para comprar el décimo que nunca toca.

Cierra el diario, se levanta, recoge la ropa y lee: “no se aceptan devoluciones ni cambios sin el comprobante de compra“. Y ella, que lo pierde todo, sonríe.

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