Cuando el único muro en el que lamentarse es el de Facebook sube el peaje de los paraísos

Ella debería estar camino de algún paraíso terrenal en lugar de navegar por la papelera de reciclaje al rescate de una historia en la que reescribir lo mal que se ha puesto el acceso al paraíso celestial, ahora que han entregado las llaves de la torre de control a los del paraíso fiscal.

Es agosto y los manuales de las rebajas indican que sólo se devuelve el dinero si se mantiene el precinto original. Y están todos abiertos. Todas y cada una de la metáforas de la literatura universal han sido reventadas por la crudeza de la realidad. Mientras tanto seguimos quitándole el celofán a la ilusión de que siempre nos quedará París, ese lugar del mundo donde enamorarse mientras se derrumban los paraísos perdidos.

Es viernes al mediodía y ella sale de una de las tiendas en Campos Elíseos. Sonríe al descubrir que los adoquines de las playas del barrio latino tienen fecha de consumo preferente.

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