Rogamos disculpen la interrupción (micro relato)

Llegó pronto a casa para prepararlo todo. Era la primera vez que su equipo jugaba una final. Unas cervezas, un pica pica y la cuna de su hijo para ver juntos un partido por primera vez. La esperada, soñada y anhelada gran final. Pitido inicial. Sonó el silbato y la pantalla se quedó en negro.

Fueron los noventa peores minutos de su vida. En la televisión no se visionaba ningún tipo de señal y la radio no emitía ningún tipo de sonido. Fue imposible seguir el partido. Desilusionado, arropó a su hijo en el mismo instante en que volvió la señal.

En todos los canales estaba fijo el escudo de su equipo. En todas las emisoras se escuchaba el himno de su afición. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. ¡Campeones, campeones, oe, oe, oe!

Al cabo de unos minutos empezó a sospechar. El escudo y el himno seguían fijos. Ningún resumen, ninguna entrevista, ninguna moviola, ninguna conexión, ningún gol.

Toda la prensa internacional se hizo eco del acontecimiento. Aquel fue el primer intento de golpe de estado perpetrado por un presidente de fútbol en todo el mundo. Gracias al rápido contraataque de los demócratas y al cuatro tres cuatro de la sociedad civil, fracasó. La tanda de penaltis pasó a ser un trozo de la historia.

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