Alea jacta est

Los primeros sondeos a pie de urna reventaron todas las encuestas. El nerviosismo se apoderó de todos los palacios de invierno cuando llegó el recuento de las cien mesas elegidas para la gloria. No había duda.

Al mismo tiempo que los votos iban sumando, los medios de comunicación enviaban a sus corresponsales a la sede con la que nadie contaba. Una hora después de que cerrasen las urnas recibió la llamada de confirmación. El aparato del estado acababa de activar el protocolo de seguridad. Por fin tantos sueños, de tanta gente, a punto de cumplirse.

Antes de que llegasen los guardaespaldas ya había convocado la rueda de prensa. Agradeció a los votantes la confianza y al empezar a hablar miró de reojo el cartel electoral. Debajo de su fotografía, al lado de su nombre, el lema de la campaña, “Honestidad”. Recordó a su padre y la canción que sonaba en la radio aquel 15 de junio. Treinta y cinco años después iniciaba su primer discurso como ganador de unas elecciones.

Las editoriales y tertulias del día siguiente no se pusieron de acuerdo en la razones de estado que le llevaron a dimitir la misma noche electoral.

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