Navidades sin fronteras

Dos monedas por un Dickens. Ella abre el diario en busca de un cuento con el deseo de que la Navidad no lo sea; de que siempre haya en quien creer, en quien confiar; de que los fantasmas del pasado, del presente y del futuro no queden atrapados en la cámara acorazada de un banco malo; de que la lista de los deseos no la redacten expertos en encuestas electorales; de que en el reino de los cielos entren los que no tienen salida y salgan los que no dejan entrar; de que las mezquita se llenen de menorás y las sinagoga de minaretes; de que los ejecutados sean recordados y verdugos no los olviden; de que se pueda pasear por las fronteras; de que los cruceros no impidan ver las pateras; de que las sonrisas sigan libres de impuestos; de que los besos endulcen el café.

Ella cierra el diario, se levanta, recoge la ropa y lee el titular de la contraportada. “En el lugar del mundo donde me encuentres cuando me pierda… estarás tú”

Feliz Navidad

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