Idus de marzo

La madre a sus hijos, el empresario a sus trabajadores, el marido a su amante mujer. En el diccionario de la desconfianza hemos substituido el amor por el espionaje.

Espían los monaguillos a la Curia mientras ven alejarse los helicópteros sobre la bóveda de la Capilla Sixtina. Tantos secretos que no van a quedar cajas de seguridad en Suiza. Han recalificado la tierra prometida para construir casinos. Las máquinas tragaperras ofrecen el premio de la salvación eterna y un bono regalo para el perdón eterno por confesión.

Nos hemos quedado sin camino que conduzca al final, sin hipótesis, sin tesis, sin Sócrates al que escuchar. Nos hemos quedado sin método a la de tres.

Llegan los idus de marzo y nos preguntamos: ¿tú también, hijo mío?

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