Ella lo mató

Doce. Sin piedad. Han sido cuatro días de buscar eximentes, de esconder agravantes, de perseguir atenuantes, de revivir coartadas, de borrar alevosías, de sonreír a testigos, de olvidar premeditaciones, de comprender abogados, de odiar fiscales, de probar pruebas, de devolver reincidencias, de ensañarse con los alegatos.

Todos en pie. El juez toma asiento. Las partes están preparadas para el veredicto final. Ella vuelve a recordar las últimas palabras que oyó desde el asiento tres de la fila cinco: “Para, para, que me vas a matar de la risa”, Y sobre el escenario no dejó de contar chistes hasta que la policía ordenó bajar el telón. Otro cadáver cosido a carcajadas.

El juez sonríe antes de dar paso al portavoz del jurado. Es el primer caso de asesinatos en serie retransmitidos en directo y apto para todos los públicos.

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