Yo no quiero

En el mismo instante que los decoradores del barrio de Salamanca tomaban medidas para cambiar las cortinas de Moncloa por las del Majestic, Lucía oyó la canción que siempre le ha recordado que nunca ha sido cierto que sólo sabe lo que quiere cuando lo pierde.

Contigo es la banda sonora de su vida. Los acordes de las lágrimas de su madre a la vuelta del mercado y la huida de aquel amor tan civilizado; los muchos febreros sin catorce y los pocos abriles con veinte y tres; las velas sin pastel y los bisiestos sin febrero; las maletas perdidas para no volver y las mudanzas con las manos en los bolsillos; los brindis sin sol y los lunes sin domingo; los finales de mes sin nadie más y las manzanas podridas a la puerta del paraíso; los zurcidos en las cicatrices y las ciudades perdidas; los paseos desde Luna Park a San Telmo y los últimos besos a la puerta del juzgado; los tiempos pasados en balde y las explicaciones innecesarias.

Aterrizar y coche de alquiler. Se seca las lágrimas en el retrovisor y recuerda las veces que ha resucitado de los amores que matan. En el mismo instante que arranca suena en la radio la melodía de su vida entera.

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