De sobras sabes que eres la primera

Fue el amor de la vida entera, de los juramentos sin en vano, de los versos sin Judas, de las confesiones sin arrepentimiento, de los pecados sin confesiones, de los descubrimientos sin alcohol, de los pretéritos sin pluscuamperfecto, de los engaños sin mentiras, de las verdades sin certezas, de los finales sin remedio, de los cafés sin azúcar, de los vestidos sin novia, de las novias sin amigos, de los panes sin penas, de los boleros sin pareja de baile, de las coplas sin embargo, de los besos sin sal, las embajadas sin fronteras, de las banderas sin mástil, de los antídotos sin veneno, de las calles sin melancolía, de los embargos sin hipotecas, de los Serrat sin Sabina, de los finales sin contar.

Se conocieron en el vestíbulo del hotel con la licenciatura recién acabada. Pertenecían a cada uno de los equipos respectivos. Se enamoraron entre pacto y pacto, mientras Pujol y Aznar compartían ensalada. Eran demasiado jóvenes para saber que aquel primer beso no era lo más importante que sucedió aquella noche en la terraza del Majestic, cuando aún no éramos independentistas.

Las escaleras del aparcamiento llevan directamente al vestíbulo. Lucía mira los monitores. Sala siete. En el hilo musical del tanatorio suena Y sin embargo.

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