Desconsoladas

Cada día, al salir del trabajo, paseo. Entre mi oficina y mi casa hay quince papeleras, ocho semáforos, treinta farolas, dos parques, cuatro farmacias y un tanatorio al que siempre entro a dar pésames a viudas desconsoladas.

Hoy al llegar he visto a mis suegros bajarse de un taxi, a mis padres discutir al lado de la capilla y a los niños correr por los pasillos. Al único que no he conocido era el tipo que consolaba a mi mujer, de riguroso negro.

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