Vacaciones

Llegamos a la playa y tendimos las toallas. Sol, olas, brisa y libertad. Eran los únicos días de vacaciones antes de la llegada de los turistas del otro lado. Les atenderíamos con amabilidad y profesionalidad a su llegada.

Había unos niños jugando cerca y nos acercamos. ¿A qué jugáis?, preguntamos. A esquivar bombas, contestaron.

Gaza, julio de 2040

soledad
Anna Uribe Aïs
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Recuerdos

La vida es el reflejo de nuestros actos...
Anna Uribe Aïs

Recuerdo la felicidad del abuelo todas las veces que celebramos su noventa cumpleaños; recuerdo los fines de semana que padre y madre se escapaban hacia aquella juventud en la que aún no existíamos; recuerdo las tardes de adolescencia robadas al olvido de los días en los que nos hicimos mayores; recuerdo los inviernos en los que perseguíamos el olor a primavera.

Recuerdo cuando aún se podía viajar en el tiempo y tú saliste a por tabaco hacia aquella edad en que aún no habías dejado de fumar.

Cajones

Ofelia busca al fauno entre las nubes de papel...
Anna Uribe Aïs

Sólo guarda

las fotografías de los lugares que no ha visto,
las partituras de las canciones que no ha bailado,
los puntos y a parte de los libros que no ha leído,
los pañuelos de las lágrimas que no ha besado,
las flores marchitas de los edenes que no ha visitado,
los sellos de las postales que no ha escrito.

Las verdades que nunca ha mentido.

Angelitos

cute litle boy
Anna Uribe Aïs

Y regresé al cielo como cada día. El tercer grado me permitía salir a primera hora y me obligaba a dormir entre algodones. Cada mañana fichaba como ángel de la guarda y salía a defender la alegría. Como aquella noche en la que puse todo mi corazón entre el miedo de madre y el cuchillo de padre.

“Cosa que incomoda o daña”, DRAE

SIMETRIA
Anna Uribe Aïs

Su madre murió en el parto. Helena atravesó la infancia en un espejismo y gastó la juventud en un piso de acogida con siete inadaptados. Anoche ingresó inconsciente.

Al despertar sólo recuerda los ojos azules del médico que la intubó. Mira alrededor y ve la puerta del lavabo entreabierta. En el espejo, el reflejo de su madrastra.

Penumbra

La beso...
Anna Uribe Aïs

Aquella fue la última vez que la vi. El teléfono sonó a las tres de la madrugada. Estaba muy nerviosa. Cuando llegué a buscarla ya no estaba. Ni ella ni el resto de equipo médico. Ni los enfermos. Sólo un hospital desierto. En el ministerio de sanidad dicen que pregunte en economía. En economía dicen que no será para tanto, que somos unos exagerados. Malditos recortes.

Un beso y una flor

abstrac(te)
Anna Uribe Aïs

-¿Has visto el tocho del Cortázar? La de Literatura no deja de rallar y aún no lo he leído.

-¡Joder tío, yo qué sé! Pregúntale a mamá. ¡Mamá!, mi vestido nuevo ¿dónde está?

-Te he dejado la camisa a los pies de la cama. Nos vamos.

Era sábado por la mañana y en la radio sonaba “me voy pero te juro que mañana volveré”. Tres besos, dos “adiós mamá” y “un hasta luego cariño”. Durante todo el camino no dejé de pensar en lo que me dice cuando está harta de ser la primera que se levanta, la última que apaga las luces y la única de los cuatro capaz de encontrar el Santo Grial: “Un día voy a comprarme un billete en primera de un vuelo que atraviese el océano, para leer un libro tranquilamente”. Llegamos a la agencia de viajes, reservamos vacaciones para cuatro como regalo de su cumpleaños y volvimos a casa para encontrar el botón en mi camisa, el vestido en su armario y el Rayuela al lado de los macarrones.

La casa nunca ha estado tan vacía como aquel sábado sin ella. Sin psicólogo al que preguntar, sin masajista al que llamar, sin amante al que perseguir, sin paraíso donde buscar sólo supimos esperarla.

La policía se presentó a la mañana siguiente. Julia era la pasajera del asiento 2A del vuelo desaparecido en algún lugar indeterminado del Atlántico, entre París y Buenos Aires. Había pedido ventana, sin más equipaje que un buen libro y tres besos con sabor a despedida.