Muy señor mío

Cada tres meses el banco envía una carta para informar sobre la actualización de las comisiones que cobra por la carta que envía cada tres meses.

Sin título

En venta

Relojes de arena para atrapar el tiempo.
Copas de cava para brindar a tu salud.
Maletas perdidas para viajar con lo puesto.
Despedidas tristes para volverte a encontrar.
Rosas de arena para sembrar los desiertos.
Semáforos en rojo para detener el tiempo.
Paredes blancas para dibujar tu sonrisa.
Libros en blanco para escribirte entera.
Cajas vacías para llenarte de sueños.
Mapas sin fronteras para pedir asilo.
Esdrújulas sin acento para confirmar la excepción.
Culpables para repartir indultos.
Enemigos para firmar la paz.
Retales para desfiles de moda.
Mentiras para ser sincero.
Votos nulos para políticos falsos.
Puertos cerrados para barcos hundidos.
Juguetes rotos para niños invisibles.
Puertas blindadas para cielos nublados.
Listines telefónicos para contestadores automáticos.
Locos de atar para cumbres políticas.
Ruinas griegas para construcciones europeas.
Bolsas de basura para mentiras oficiales.
Ríos de tinta para tertulianos ilustres.
Noches en vela para amores rotos.

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John Stanmeyer – World Press Photo 2013

Google ha alquilado el paraíso y nos permite, a través de la realidad aumentada, acercarnos al límite que separa el cielo del mar; ese lugar donde se puede ver a los inmigrantes rezar al Dios de la cobertura con la ilusión de que la copia de seguridad que hay entre las nubes no les abandone.

En pleno Serrano

Juan lee en el periódico la última noticia sobre el asesino de los cuentos. Tres víctimas en dos meses. La policía no tiene ninguna pista sobre los cadáveres encontrados con un texto clavado en el corazón. Un Borges, un Arlt y un Cortázar. Juan cierra el periódico al llegar a República Argentina, se levanta y lo deja sobre el asiento. Sale del vagón y la elige al azar. Hay demasiada gente. Llega tarde al ascensor. Corre por las escaleras. La ve al lado del semáforo de Juan de la Cierva. Deja que se aleje un poco. Veinte metros es la distancia perfecta para no ser descubierto.

Ella lleva los auriculares puestos. Camina despreocupada. Mira los aparadores de ropa y cruza por los pasos de cebra sin saber que la siguen. Juan es del barrio. Conoce las direcciones prohibidas, los carriles bici, los bares de mala muerte, las paradas de autobús, los callejones sin salida, las farolas con poca luz, las alcantarillas mal cerradas, los portales sin sereno, las bocas de metro, los locales abandonados. Para Juan es muy fácil moverse tras alguien sin ser detectado.

Ella entra en un estanco. A Juan le vibra el móvil en el bolsillo. Un mensaje de Laura. “Cariño, compra Apiretal. Se ha acabado y la pequeña aún tiene fiebre. No llegues tarde. Te quiero”. Mira el reloj. Diez minutos para las nueve. “Joder”, piensa.

Ella sale del estanco y sigue su camino. Juan duda. Acelera el paso. La adelanta sin mirarla decidido a llegar a la farmacia antes de la hora de cerrar. Y entonces ella le habla. “¿Disculpe, tiene fuego?”. Juan se paraliza. Hablar con ella no entraba en los planes. Nunca ha habido contacto directo hasta ahora. Ella insiste. “¿Perdón, tiene fuego?”. Serrano está inusualmente desierto y a Juan le sudan las manos. Manosea el encendedor que lleva en el bolsillo derecho. Se gira y descubre sus preciosos ojos verdes, su sonrisa angelical, el Philip Morris apagado, el cuerpo de tango, el acento porteño.

Laura baja el volumen del televisor y va hacia la habitación. La pequeña llora y Juan aún no ha llegado. En la mesita de noche ve las pastillas. Suspira resignada. “Otra vez se las ha dejado. Debe estar siguiendo a alguien por el barrio y se va a olvidar. Maldita obsesión. Menos mal que es inofensiva”, piensa mientras busca el móvil para recordarle que no hay Apiretal.

En las noticias informan de un nuevo crimen. Un Casares sobre el pecho de un individuo, aún sin identificar, en pleno Serrano.

En tránsito

Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. Juan despertó al oír el tren de aterrizaje. Duerme para dejar el miedo en tierra.

El móvil aún no ha encontrado cobertura cuando recoge las maletas. Le sorprende no reconocer a nadie. Mira el monitor. La información de la cinta es correcta, es su vuelo.

La pancarta de bienvenida con su nombre le deja atónito. Nadie sabe que llega en este vuelo. No da crédito cuando ve detrás de la pancarta a sus abuelos, muertos treinta años atrás.

Se dirige tembloroso al mostrador de tránsitos. “Disculpe, mi billete es de ida y vuelta”. San Pedro le sonríe.

Otra copa

El sonido que identifica el mensaje es de él. No lo lee. Se sirve una copa de vino y tras el primer sorbo utiliza el teléfono inteligente como posavasos.

Es viernes por la tarde. Retira la copa y abre la aplicación. En la pantalla aparecen los datos: variedad de uva, tiempo en barrica, temperatura… datos que utilizarán para poder vender la aplicación de forma masiva.

Mañana llamarán desde Suecia y reconocerán los años de investigación en la aplicación de nanosensores en tiempo real. Desde el primer sorbo las células absorben de forma automática los sensores escondidos en los taninos. Informan de forma automática del nivel de alcohol en sangre y de la localización del bebedor.

“Cariño no me esperes a cenar, se ha complicado la reunión”. Lee el mensaje mientras se sirve otra copa de vino de la botella que han abierto para comer.

Reciclados

Aún recuerda el primer consejo de ministros, el primer estado de la nación, la primera rueda de prensa, la primera reunión de la OTAN, la primera llamada del FMI, la primera noche en Bruselas.

El paso de la política activa a asesor fue rápido. Sin descompresión, sin publicidad, sin entrevista previa, sin cola del paro. Consejero de Mare Nostrum y Asociados, asesoría estratégica en nuevas oportunidades de desarrollo sostenible del mar al que debe el nombre.

Aún recuerda las sonrisas de la noche que perdieron las elecciones. Sentado en el avión privado que sobrevuela el Mediterráneo lee el orden del día de la reunión de consejeros en la que volverá a saludar antiguos cargos de la Comisión Europea y de gobiernos miembros.

Primera propuesta de inversión: funerarias; lugar: Lampedusa.

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