El verano del 68

Ella ya estaba embarazada y él aún no lo sabía. Madre y padre describían y retrataban la única primavera iniciada en enero, mucho antes de que los tanques ahogasen los sueños de libertad en las orillas del Puente de Carlos. El mismo puente en el que madre y padre se declararon amor eterno la Noche de Reyes de 1968. Ella volvió a casa. Él siguió con su cámara de fotos: desde las calles bombardeadas de Saigón; desde el balcón del Lorraine Motel de Memphis; desde La Sorbona; desde el Salón de los Embajadores del Hotel Ambassador de Los Ángeles; desde Praga el día que nací.

Hoy, 21 de agosto, hemos ingresado en la maternidad. Los adoquines de mayo han vuelto a tapar la arena de un planeta lleno de simios visible desde una estación espacial que se mueve al ritmo del Danubio Azul. En todas las emisoras de radio suena “Hey Jude”. Ha llegado el momento. La comadrona atiende por señora Rosemary.

Padre llegará una semana después de mi nacimiento. Nunca volveré a ver a madre tan feliz. Nunca volveré a ver a padre. La última fotografía que recibiremos será de la plaza de Tlatelolco.

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