¿Dónde iremos de vacaciones?

Ir de vacaciones es volver a los rincones de la memoria de una infancia llena de abuelos olvidados y olores desconocidos; de una adolescencia repleta de mapas del tesoro y lugares inexistentes; de una juventud ávida de libertad absoluta y descubrimientos perpetuos; de un mañana que gira en la noria de los sueños incumplidos.

Noa embarca mañana por una puerta aún sin asignar.

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Desde de hasta para por unas cuantas preposiciones al día

Hay días que paseas por los aeropuertos antes de volver con la ilusión de encontrar todo lo que perdiste en el viaje de ida, de buscar un escondite sin conexión ni puerta de embarque, de cruzar la mirada con alguien que no sabe dónde regresar, de tener una noche más de hotel, de tener un día menos de oficina, de franquear las cartas marcadas, de no apretar más el cinturón, de no entrar más por la salida de emergencia.

Hay días que vuelves sobre tus pasos y te das de alta en tarifas planas por si llama, que escuchas a Perales por si encuentra otro idiota, que cocinas por si se muere de hambre, que pones tiritas a los finales por si se olvidan los principios, que cierras la ventana por si la pobreza llama a la puerta, que abres las heridas por si se hiela la sangre.

Hay días que paseas por los aeropuertos al llegar para devolver los libros no leídos, para tachar los lugares no vistos, para llamar a los desconocidos no visitados, para escribir a los conocidos no llamados, para soñar los hoteles no reservados, para pedir los deseos no cumplidos, para cumplir las promesas no deseadas, para derramar las lágrimas no lloradas, para romper las postales no enviadas.

Hay días que no hace falta que amanezca si no estás.