Hay más dignidad en la uña del meñique de un desahuciado que en toda la cúpula que nos aniebla. (Maruja Torres)

Es viernes al mediodía, la hora en que la democracia asimétrica de los herederos directos del franquismo sociológico se disfraza de encefalograma plano de plasma, se inventa idiomas en las franjas, o pone a parir a quien no comulga con ruedas de molino.

Es viernes al mediodía y asistimos a la demostración empírica de que “todo pueblo tiene los gobernantes que se merece” es falso. Nadie merece que le gobierne quien es capaz de utilizar el genocidio nazi como insulto. Nos equivocamos al pensar que el único déficit preocupante es el económico.

Es viernes al mediodía y no encuentran la salida de emergencia, ni los planes de evacuación, ni las ventanas rompibles, ni las medidas correctoras, ni más opciones que legislar a golpe de mayoría absoluta escondidos tras el sueño roto de los planes de desarrollo.

Es viernes al mediodía y nuestro futuro cuelga del control equis de una hoja de cálculo con formulas erróneas.

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Ropa de primavera en la semana fantástica sine die

Dos monedas, un Bolaño. Ella abre el diario y separa las llamadas telefónicas de los detectives salvajes en la calle Montalegre.

Por los descosidos de la primavera se han colado los deshollinadores del Vaticano preparados para el día de después; los armarios del ministerio del interior con las puertas de par en par para que salgan los salvadores de la humanidad; la vara de mando de Ponferrada para ser el premio del nuevo concurso “tu dimisión no me suena”; los cambios de escolta a pie de puente aéreo.

El viernes al mediodía y ya huele a primavera. Las aceras están llenas de verdades falsas y de ciertas mentiras. Cierra el diario, se levanta, recoge la ropa y piensa que otra primavera es posible.

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No hay buitres para tanto trilero

Hay noches que nos vamos a dormir con la ilusión de haber sido lo suficientemente buenos y nos levantamos con la duda de no saber quien ha recibido el burofax, si Melchor, Gaspar o Baltasar.

Estos han sido los primeros Reyes Magos que reparten manuales de supervivencia a una generación que lo va a tener más difícil que la anterior, que han cambiado el sueño de los adosados por el barrio del Tercer Sector, que van a necesitar algo más que un traductor castellano-catalán para entenderse, que tienen como hoja de ruta el déficit mínimo y no la estrella de Belén, que van a cambiar la tarjeta sanitaria por el resumen del fondo de inversión, que prefieren los chinos a los cuentos.

Hay noches que nos despertamos en la pesadilla de no haber sido lo suficientemente buenos y nos desvelamos pensando dónde está la bolita, si en el oro, el incienso o la mirra.

Hay noches que nos vamos a dormir sin haber encontrado el puñetero ticket regalo.

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