Con la paz de las montañas

Lucía dejó los montes y se vino al mar para llenar la piel de promesas, de locuras, de equilibrios, de rabias, de gritos, de silencios, de secretos, de falsedades, de certezas, de faltas de ortografía, de defectos, de manías, de manos frías, de futuro.

El Barrio de Salamanca en plena Festa Major de Gràcia fue toda una vida de puentes aéreos hasta el día que Laura encontró junto al café un beso y la flor. Lucía, esa muchacha típica, olvidó el sabor a hierba de su nombre; confundió el gato con el unicornio y el azul con la esperanza; dejó a Laura con el corazón partío, sin fumar más chinos en Madrid, sin peces de ciudad, sin las cosas que hacen que la vida valga la pena.

Y los días pasaron entre las canciones que cuesta tanto olvidar, que tarareamos como hemos cambiado, que no sabemos cantar si tú no estás, que maldicen que boig per tu no sea una canción de amor que temer a la madrugada, que pasan como los días entre un montón de gente sola.

Y todo para que un día Lucía vea por televisión a Laura a la derecha de Cospedal y confirme la certeza de que no bastaba que la entendiera y que muriera por ella.

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Un secret sota terra

Al matí m’ha dit que encara em reservava un petit secret i m’ha fet un somriure com feia temps que no li veia. Hem sortit aviat. Volia passejar tot el que l’edat encara li permet. La mare ens ha apropat fins a plaça Urquinaona.

Baixem agafades de la mà per Via Laietana fins a Jaume I. Al veure la Catedral de lluny em diu que allà es van fer el darrer petó. L’àvia sempre ha explicat històries de l’avi, aquell home que va passar la joventut treballant per a construir el Gran Metro de Barcelona; que va morir massa jove, als bombardejos de març del 38; que fins el darrer dia no va deixar de fer els refugis que van salvar tanta gent; que va enamorar l’àvia pels voltants de la Font Màgica aquell estiu del 29.

Ara fa setanta-cinc anys dels bombardejos i l’àvia ha volgut retre homenatge a l’avi i a tothom que els va patir. A Jaume I espera el tren especial que ens ha de dur a l’ara tancada estació de Correus on hi ha l’exposició commemorativa, on l’avi hi va treballar fins el dia de la inauguració.

Fotografies, discursos, memòria, cançons, llàgrimes, abraçades… ja no queden més que els cambrers recollint. L’àvia em torna a agafar de la mà i, sense dir res, ens retirem fins un passadís que porta a una sortida ara tancada. L’àvia Alba treu un mocador i el passa per una de les columnes plenes de pols. El pas del temps encara no ho ha esborrat tot: “Alba, t’estimo”. L’avi era un romàntic.

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Ella

Es el momento de cerrar los ojos y oír el ruido de las persianas al subir. Este verano no vamos a colgar el cartel de cerrado por vacaciones. Este verano el futuro va a pisar tierra firme.

Este verano el “ella” de los cuentos sin final va a dejar de ser la tercera persona del femenino singular sin nombre. Ella existe y va a ser la esencia del verano.

Ella es todas las canciones que nunca escribiré, el azar perfecto, la lista de todos los tiempos verbales, el arrepentirse de los besos olvidados, el maldecir los besos desconocidos, el esperar los besos por llegar, el mirarla sin que sepa que la miro como nunca antes la han mirado, el sentirla vulnerable aún cuando se sabe responsable de todo cuanto la rodea, el olor a pan recién hecho, la lucha si descanso, el contorno de la sonrisa, la caricia de la ternura, la caligrafía de los sueños; la ortografía de los deseos.

Ella es la razón de mi vida, la mejor definición de te quiero.

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Feliz cumpleaños

Es imposible que su niñez no siga jugando en tu playa. Es imposible que con sangre de cebolla se amamantara. Es imposible que nada ni nadie puedan impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan… y que un día nos digan adiós. Es imposible que la educases para un soñador de pelo largo. Es imposible detener el tiempo: han de tenir vint anys i els hi ha de bullir la sang. Es imposible que algún dia plegats, no travessin una porta tancada. Es imposible que alguna noche no se duerman preguntándose qui sap on és, qui sap on para. Es imposible que no se pare su reloj una tarde de primavera.

Es imposible que ni el tiempo ni la ausencia no sepan que se hace camino al andar. Es imposible que las banderas no sean lilas, rojas y amarillas. Es imposible que no pongas dos piedras de futura mirada. Es imposible que no sea verso a verso. Es imposible que no deixeu de plorar si ens han declarat la guerra.

Es imposible que no sea caprichoso el azar. Es imposible que haga otra cosa que pensar en ti.

Es imposible que no sepas que prefiero tu presente a cualquier futuro perfecto y a cualquier pretérito indefinido. Es imposible que haya canción de Serrat que sepa lo que te quiero.

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Ropa sucia

Dos monedas, una hora. Ella abre el diario y se sienta en un banco de la lavandería. Separa los recuerdos, los sueños y los deseos: a un lado, los grises; al otro, los de color. La colada de su vida centrifugada entre canciones amarillas, fotos escondidas y notas al margen.

Hace tanto tiempo que no escribe que ni tan siquiera comete faltas de ortografía. Lo dejó como quien deja de fumar, porque le dolía el corazón en cada letra. Y las musas la abandonaron como se abandona un amor, sin misericordia. Había escrito todas las canciones de amor del mundo y ahora la orquesta del Titanic tocaba la banda sonora de su vida.

Cierra el diario, se levanta, recoge la ropa  y el olor a niñez le recuerda que lo malo de los sueños no es que no se cumplan, es que desaparecen cuando se hacen realidad.

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