Abierto en domingo

Discutían en la sección de oportunidades sobre si aquella estantería era más adecuada para copas y platos o para libros y música y sin premeditación acabaron en un motel de mala muerte. Besos “low cost”, caricias de ocasión, gemidos última oportunidad, amor de segunda mano descubierto entre bolsas azules y amarillas.

Fueron felices al final de las rebajas hasta que sonaron los dos móviles a la vez. Los niños seguían en la piscina de bolas de Ikea.

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Pentagramas

Pasan las vacaciones entre mis vinilos y tu streaming, entre recuerdos de mi niñez y dibujos de tu carita de tonto; entre la indecisión por una de dos y las vueltas en el tiovivo; entre la espera a la orilla de la chimenea para descubrir la talla de tus vaqueros y el no dejarme comer golosinas; entre saber que últimamente solo soy un corazón tendido al sol y desear que ojalá quede tiempo para vivir.

Pasan las vacaciones y tenía que decírtelo: olvídate de ti, antes de que se pierda tu risa en la alameda, antes que se destiña tu camisa a cuadros.

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Anna Uribe Aïs – Photography

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Sólo serán treinta y un días

Madre lo sabrá el cinco cuando en la peluquería Carmen, que me sigue en Twitter, le informe de que su hijo es el escritor de mes. Va a ser difícil explicárselo cuando hace pocos días le informé del actual estado de desempleo.

Carlos, el del quiosc, me felicitará entre dominicales aunque nunca ha dicho que me lea. Juan, el de la bodega, nos invitará a un vermutillo para celebrarlo y le enviaremos un enlace para compartir. María, la del forn de pa, le dirá a la parienta que desde el primer día ya se veía que faig cara d’escriptor. Pau, el de la peixeteria, propondrá unos berberechos al vapor y unas almejas a la marinera para celebrarlo.

En el Facebook irán cayendo poco a poco los “me gusta” en busca de fotos inexistentes de empleado del mes; en Twitter unas pocas palabras para la posteridad; en YouTube alguna declaración institucional del palo “me llena de profunda satisfacción…”; en Instagram todo el material infiltrado; en Tumblr las ocurrencias de los minimalistas. Por no hablar del rebombori en el WhatsApp. Hasta algún despistado llamará por teléfono.

Octubre acaba, de empezar. Laura desde Barcelona y Lucía desde Madrid sonríen a los de aquí y a los de allá; a los del sur y a los del norte; a los de red social y a los de blog; a los bilingües y a los trilingües; a los de la mayoría absoluta convertidos en silenciosa mayoría y a los de la grandísima minoría olvidada; a los del pelotazo y a los de en pelotas; a los de la Merkel jodiendo y a los PIGS jodidos; a los que se quieren ir y a los que no dejan ni estar; a los de que a la tercera será la vencida y a los que van por vía intravenosa; a los que quieren consultarlo incluso con la almohada y a los que no dejan ni la opción.

A los que faltan, a los amigos, a los del alma, a los despistados, a los pasaba por aquí, a los que comentan, a los que se suscriben, a los de antes, a los de ahora, a los de después, a los de Sabina, a los de Serrat, a los que leen los borradores, a los que ejercen de musa, a los que sonríen, a los que lloran, a los que sueñan que aún es posible, a los que desean que lo sea, a los que me habéis enseñado, de los que he aprendido. A todos, a todas, gracias por leer(me) alguna vez.

Menos a los hijos de la gran puta. Que cada cual, si s’escau, se meta el Rubianes donde le quepa. ¡Gracias Pepe!

Un placer, siempre.

Portal Binibook

Papá cuéntame otra vez

Lucía se mudó al número siete de calle Melancolía, donde no paran los tranvías, donde nadie pregunta, donde se niega lo que se esconde, donde nunca es primavera, donde nunca la encontraré, donde sólo hay ausencias, donde las niñas ya no quieren ser princesas, donde no hay mar.

Hasta aquel día en que los adoquines se transformaron en baldosas de Gaudí y llegó a la Barcelona donde conocería al amor de su vida, donde recuperaría al que un día fue su padre. Café. Solo. Ni cuentos, ni utopías, ni sueños, ni futuros, ni explicaciones, ni pasados, ni direcciones, ni subjuntivos, ni conjunciones, ni cuentos, ni canciones, ni finales. Ni nada que contar otra vez. Ni tan siquiera un “si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy”.

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Calle melancolía

Una vez conocido el resultado de las encuestas electorales, el candidato ha salido a la calle en busca de respuestas. Aún no ha regresado.

Fuentes bien informadas han confirmado que a primera hora de la mañana se le ha visto deambular por los alrededores del Parlamento. Ha estado hablando con diversas personas que aún no han sido expulsadas por la policía y estaban dando vueltas al edificio de Las Cortes.

El candidato ha ofrecido una rueda de prensa informal ante los periodistas que desayunaban en un bar cercano. Ha valorado muy positivamente la marcha de la campaña, pero no ha realizado ninguna valoración sobre la intención de voto reflejada en las encuestas. “Estaba muy nervioso y se ha marchado de forma precipitada, sin acabarse las porras con chocolate”, ha declarado el camarero.

A partir de ese momento se le ha perdido la pista. Su jefe de prensa ha dado la voz de alerta al informar que no se ha presentado al acto electoral previsto para las 12:00 horas en el Gran Teatro de las Promesas Incumplidas.

Efectivos de las fuerzas del orden público están intentando localizar su señal de móvil sin ningún resultado. Se ha preguntado a niños de la zona si han visto a un señor con corbata repartiendo besos. Perros especialistas en localización de demagogia están rastreando la zona.

En estos momentos se desconoce si la junta electoral va a suspender la emisión especial de La Noria o va a decidir mantener el Gran Debate con el resto de los candidatos. Quedan apenas 48 horas para la apertura de los colegios electorales de las elecciones más ajustadas de la historia que han de decidir la presidencia de la comunidad de propietarios del número siete de la calle Melancolía.

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Ahora que, todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar (Joaquín Sabina)

Ahora que han cerrado las paradas del paraíso, ahora que los billetes sólo tienen descuento si se queda, ahora que los trenes y la mitología han salido de gira, ahora que el sur ha quedado al sur del sur, ahora que el rey de la casa ha abdicado, ahora que Ikea es sinónimo de república, ahora que en la república contrata princesas, ahora que los sapos bailan flamenco, ahora que ella baila sola, ahora que escribe sin censores, ahora que vota sin leyes fundamentales, ahora que decide sin que haya peligro de malformación, ahora que Caperucita ha aprendido a aullar, ahora que sólo escribe cartas de amor con lorem ipsum, ahora que la lista de espera del cielo depende del presupuesto, ahora que se ha ido otra vez y jura que no volverá, ahora que el futuro depende del olvido del pasado, ahora que las despedidas son definitivas, ahora que vuelve a casa por Navidad en pleno mes de agosto, ahora que los obispos están en línea y Dios sigue creyendo, ahora que por fin te has ido y sabe que nunca volverás, ahora que el país de Nunca Jamás ha suspendido el tratado de Schengen, ahora que han puesto peaje a la salida de emergencia, ahora que no queda sal para las heridas, ahora que Eva ha abierto una frutería, ahora que los gatos tiene seguro de vida, ahora que escribes sin remite, ahora que guardas los festivos, ahora que llamas sin marcar, ahora que el Sabina le pone melodía a la letra del Serrat, ahora que sólo es un adverbio, ahora voy a escribirte por todos los rincones de Madrid.

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Ella escribe como vive, desordenada

Dos monedas, una galerada. Ella abre el diario y sabe que hay un libro esperando al otro lado del gerundio, que hay una dedicatoria escrita al otro lado del participio, que hay un amor por amar al otro lado del infinitivo.

Pero ella no sabe que al otro lado del espejo de donde Alicia no puede volver por no tener papeles han puesto zona azul, que al otro de donde las letras logran que los sueños se vuelvan realidad han abierto una oficina de recortes; que al otro lado de donde la esperanza espera han colocado un cartel de se alquila por cuatrocientos euros; que al otro lado del punto de no retorno han inaugurado un punto de rescate; que al otro lado de Aleppo no hay ningún destino que apunte a Eurovegas; que hemos olvidado que al otro lado del otro lado, deberíamos estar todos.

Ella vive como escribe, sin pausa. Tiene todos los “érase una vez” escondidos entre los estribillos de cantautores que por dos monedas le ponen melodía a todos los finales de viernes al mediodía.

Pero cuando por fin encuentra un colorín colorado, no queda nadie al otro lado para leer la dedicatoria; cuando por fin despierta, no recuerda donde ha guardado los somníferos; cuando por fin aterriza, es tal el retraso que no recuerda el motivo de la huida; cuando por fin le olvida, vuelve a encontrarle y se enamoraron de nuevo; cuando por fin resuelve lo suyo, no recuerda lo de los demás; cuando por fin deja el tabaco, la abandonan; cuando por fin le encuentra, ya sabe que se ha ido.

Cuando por fin logra apagar el incendio, los pirómanos privatizan el servicio de bomberos; cuando por fin acaba el recuento, los elegidos confunden la verdad con la mayoría absoluta; cuando por fin aprende a mentir con naturalidad, los asesores se quedan sin programa electoral; cuando por fin escribe todos los sueños alquilados, todos ellos prefirieren no despertar.

Cierra el diario, se levanta, recoge la ropa y ordena lo que escribe.

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