¿Albóndigas o lasaña?

Nunca le dimos importancia al hecho de confundir los alces con los cerdos y las vacas con los caballos hasta aquel día que abrimos la puerta de casa y encontramos encima de la mesa los libros sin leer, en las estantería los platos sin fregar, en el lavaplatos las sábanas sin planchar, en los vasos las medicinas sin recetar, en los sillones los cuadros sin colgar, en los armarios los trajes sin pagar, en las cajoneras los secretos sin explicar, en los escritorios los libros sin escribir, en las lámparas las películas sin final, en las almohadas los sueños sin soñar.

Nunca le dimos importancia al hecho de olvidar que las bombas no dejan de explotar por lanzarlas los ¿buenos?, que las mentiras no son verdad por callarlas, que los muertos no resucitan tras las autopsias, que las leyes no son mejores por envolverlas en mayoría absoluta, hasta aquel día que cerramos la puerta de casa para ir a rezar y nos encontramos a los dioses tomando el postre en Ikea.

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