Paz (sin paréntesis)

La primavera está echando (de menos las) raíces (de sus antepasados) entre las fronteras de una tierra de nadie. Es viernes y se puede oír (entre las ráfagas) como unos se lamentan y otros oran.

Ella tiene un pasaporte apátrida para vivir entre (las fronteras de) los muros sin lamentaciones, entre (los sacrificios de) las explanadas sin mezquitas, entre (las resurrecciones de) los sepulcros sin santidades. Ella es la peregrina (sin destino) siempre expulsada de todos los edenes por reyes que envían a sus peones a quemar todas las tierras prometidas.

Ella se llama Salam (otros la llaman Shalom) y sólo sueña con que la permitan vivir (un día) en paz.

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