Escuela de verano

Guardamos los lápices con los que aprendimos a escribir entre líneas de pentagramas, a callar entre mentiras ensordecedoras, a olvidar entre sueños falsos, a respirar entre suspiros vacíos, a volar entre hojas secas, a reír entre lágrimas envenenadas, a conjugar entre infinitivos impersonales, a buscar entre oficinas de objetos perdidos, a olvidar entre extractos de la tarjeta de crédito, a publicar entre ediciones de bolsillo, a dejar de dar vueltas entre los carruseles del olvido, a tender puentes entre ropa sucia.

Donde aprendimos que entre las ingles y los labios solo caben los cuentos sin final.

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