Janina

Tenían razón los que decían que no volvería. Hija de Zeus y Mnemósine cambia de poeta en cada rosa y en cada mudanza recuerda los pétalos marchitos de lo que pudo ser y no fue.

Ya no se levanta a las seis. Se ha aburguesado y ha dejado el andén de la estación por el embarque preferente de la sala VIP de dos pájaros al contraataque. Ya sólo sale del Monte del Olimpo para los bises del Luna Park.

Pero hay noches que recuerda los acordes de las canciones olvidadas y sonríe al pensar que nunca más ha vuelto a tener la piel tatuada con el sabor a musa de verano tirada en el sofá.

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