Pentagramas

Pasan las vacaciones entre mis vinilos y tu streaming, entre recuerdos de mi niñez y dibujos de tu carita de tonto; entre la indecisión por una de dos y las vueltas en el tiovivo; entre la espera a la orilla de la chimenea para descubrir la talla de tus vaqueros y el no dejarme comer golosinas; entre saber que últimamente solo soy un corazón tendido al sol y desear que ojalá quede tiempo para vivir.

Pasan las vacaciones y tenía que decírtelo: olvídate de ti, antes de que se pierda tu risa en la alameda, antes que se destiña tu camisa a cuadros.

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Anna Uribe Aïs – Photography

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Con la paz de las montañas

Lucía dejó los montes y se vino al mar para llenar la piel de promesas, de locuras, de equilibrios, de rabias, de gritos, de silencios, de secretos, de falsedades, de certezas, de faltas de ortografía, de defectos, de manías, de manos frías, de futuro.

El Barrio de Salamanca en plena Festa Major de Gràcia fue toda una vida de puentes aéreos hasta el día que Laura encontró junto al café un beso y la flor. Lucía, esa muchacha típica, olvidó el sabor a hierba de su nombre; confundió el gato con el unicornio y el azul con la esperanza; dejó a Laura con el corazón partío, sin fumar más chinos en Madrid, sin peces de ciudad, sin las cosas que hacen que la vida valga la pena.

Y los días pasaron entre las canciones que cuesta tanto olvidar, que tarareamos como hemos cambiado, que no sabemos cantar si tú no estás, que maldicen que boig per tu no sea una canción de amor que temer a la madrugada, que pasan como los días entre un montón de gente sola.

Y todo para que un día Lucía vea por televisión a Laura a la derecha de Cospedal y confirme la certeza de que no bastaba que la entendiera y que muriera por ella.

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