Puentes

Desde la más tierna edad sólo jugaba a construir puentes. Mientras el resto de los niños hacían castillos en el aire, él conectaba las orillas de todos los charcos de su infancia. En la adolescencia, cuando todos los compañeros de promoción soñaban con la casita en el árbol, se empeñó (y consiguió) establecer un paso elevado en el riachuelo de sus vacaciones.

Acabó la carrera y empezó a trabajar. Entre obra y obra visitó todos los lugares de sus sueños: de los Madison al Golden Gate, del Vecchio al de Carlos, de Brooklyn al cielo. Siempre con la misma banda sonora.

Aquellos fueron buenos tiempos para la obra pública. Se casó. Entró en política gracias a ella (a la obra pública, no a su mujer). Escaló (gracias a su mujer, no a sus cualidades). Y llegó donde más quería.

Toda una vida dedicada a la ingeniería y a los puentes de plata y, ahora que lo nombran ministro del ramo, sólo hay presupuesto para la construcción de murallas.

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