Nuestros guionistas

Es viernes al mediodía y ella está indecisa. La oferta ha llegado de forma inesperada: trabajar de guionista. El actual portavoz le ha ofrecido el puesto oficial de guionista de viernes al mediodía con rango de secretaría general. Un trabajo equiparable a dirigir la biblioteca nacional de un país sin literatura, pensó al conocer la oferta. Un trabajo incompatible con su actual empleo de alquiler de sueños del que está a punto de entregar su último encargo.

“Regresamos a los paraísos perdidos de nuestros mayores para lamentarnos del tiempo perdido en un presente de indicativo en el que escogemos sin elección, decidimos sin criterio, besamos sin amor, robamos sin necesidad, huimos sin refugio, escapamos sin culpabilidad, condenamos sin juicio, esperamos sin futuro, volvemos sin llamar, volamos sin alas, creemos sin fe, mentimos sin razón, escribimos sin gramática, corremos sin prisas, regalamos sin estima, opinamos sin tertulia y navegamos sin rumbo.

Enviamos mensajes con acuse de recibo cuando llevamos toda la vida sin confirmar la lectura de las urgencias de cuando morimos sin ser los malos, soñamos sin pensar en los demás, lloramos sin ser vistos, invertimos sin esperar nada a cambio, fumamos sin pipa de la paz, despertamos sin haber soñado, gobernamos sin tener ni idea, amamos sin ser correspondidos, ganamos sin haber participado, engañamos sin saber mentir, caemos sin haber tropezado, bailamos sin padecer sequía y entramos sin dejar salir.

Y gastamos la primera persona de plural para escondernos de un singular del que nunca nos sentimos cómplices.”

Más o menos, como presidir un gobierno sin guión.

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