Silencios

Pero esta vez, ella lloró. La primera vez en estos últimos tres años. Una lágrima resbaló por la mejilla hasta inundar la primera letra del tercer verso. Nunca hasta ahora aquella carta que recibía puntualmente cada jueves impar de los meses pares había llenado de tanto desconsuelo sus ojos.

Se secó las lágrimas, guardó la carta en su baúl de los recuerdos y salió rumbo a la farmacia antes de que llegase su marido. Debía comprar el antihistamínico. Mañana es nueve de noviembre y Cecilia es alérgica a las violetas.

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Uno se cree

Ni el tiempo ni la ausencia son responsables de los silencios estridentes ni de las palabras sordas. Suena Aquellas Pequeñas Cosas y Lucía recuerda que nunca llegaron a estrenar el programa de radio que siempre soñaron.

Ella pertenece ahora al equipo que cambia las pilas del mando a distancia del plasma; que configura el ancho de banda de los tuits que salen de debajo de los adoquines; que se olvida de los sueños a cambio de un porcentaje; que recalifica el paraíso para abrir una sidrería; que falsifica las verdades para esconder las mentiras; que vuelve al propio pasado por miedo al futuro ajeno; que hipoteca el alma por unas preferentes; que olvida la militancia entre los pasillos de Domenico Scarlatti número seis.

Suena el teléfono. Puente aéreo de urgencia. Se abrocha el cinturón y recuerda la última frase antes de huir donde hoy regresa: nadie sabe al día siguiente lo que hará. Promesas, preguntas, confesiones, esquemas, peticiones, demandas, violencias, ternuras, eternidades, compromisos, temores, jamases. El avión despega camino de aquel tiempo que el viento arrastra allá o aquí; camino de aquel programa de radio nunca emitido; camino de llorar cuando nadie nos ve; camino del tiempo y de la ausencia. Camino dEl Breve Espacio En Que No Estás.

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